jueves, 15 de enero de 2026

en la recolección

mi cuerpo está vacío o quizá mi corazón no bombea la sangre suficiente para existir bien. tengo heridas reales que sigo abriendo a propósito. mis uñas y mi almohada quedan con sangre que lavo con jabón hipoalergénico o con detergente azul. hago cuentas de los días que van pasando, uno a uno, porque las fechas no son más que un número que sube y baja. y a veces se debe tener claridad para funcionar. se debe tener lucidez para apuntar una cita médica o un cumpleaños importante. no me gusta el café solo. puede ser que la marca que consumo sea de un sabor que en mi lengua resulta insípido y sin chiste. lo mezclo con leche para que pase. y me obligo a beberlo a ver si me da energía. hace tres días que no almuerzo. ayer cociné un arroz sin mucha ciencia. lo hice para mi hermano. y aunque sobró, no pude comer. es un cansancio que llega hasta para levantar el brazo. las cosas que se deben hacer, las obligaciones más básicas, ponen en marcha la maquinaria en mi cabeza. ni siquiera puedo decir que es piloto automático, porque si fuera así, no me preocuparía tanto. y eso es lo terrible, el preocuparse. el angustiarse. las punzadas de dolor vienen porque no dejo de sentir ese mismo dolor. y esta casa es un criadero de tristezas. cada uno alimenta la suya de la peor manera. ella (sí, ella) nunca está con nosotros. trato de ser buena para él y lo único que se me ocurre es invitarlo a ver películas en el sillón. le quiero enseñar lo que él me enseñó a mi y siento que mi imitación es tan, tan, tan mala que veo imposible que mi intento de que aprenda llegue a su corazón. no tengo la habilidad para conquistar a través de la charla. he visto documentales y leído libros sobre la pena, sobre el vacío. y me encuentro. siempre me encuentro. será que inconscientemente me busco. es el ego que no abandona o la desesperación de saber que el sentimiento existe desde antes y en otros. en otros que claudicaron y en otros que siguieron a pesar de. 

dónde se va cuando no se sabe a dónde ir. pienso en lo que me dijiste que era injusto. lo entiendo y me castigo. te pido perdón sin decirlo. anoche soñé con él. íbamos cayendo o volando, no sé. me abrazaba llorando y yo acompañaba su llanto. le dije que estaba presente en todos mis días. se disculpaba por no estar. sentí alegría genuina de poder hablarle otra vez. conversamos mucho. desperté por la luz que entró gracias a la cortina que amarré la noche anterior. así son las cosas, me repito siempre. así son y así seguirán siendo.

3 comentarios:

  1. Hay una precisión en lo que nombras —el jabón, el detergente azul, la leche en el café— que no es casual: cuando todo se desarma, uno se aferra a lo que todavía puede describirse sin mentir. No escribes desde el caos, sino desde un cansancio que ya aprendió a mirarse. Y eso duele de otra manera.

    Me conmovió el arroz que hiciste para tu hermano. Ese gesto pequeño, casi invisible quizás, dice más que cualquier declaración de amor. Amar cuando no se tiene hambre, cuando el cuerpo pesa, cuando la voz no te convence ni a ti misma, es un acto silencioso y profundo. Amar cuando no se confía en la propia voz es una forma muy íntima de valentía.
    Hay algo muy honesto en admitir que no sabes conquistar con palabras y, sin embargo, sigues escribiendo: valentía.

    No sé si esto te alivie. No sé si buscabas respuesta.
    Solo quería decirte que te leo, que lo que escribes llega, y que incluso en este texto —tan lleno de heridas— hay una persistencia quieta que importa más de lo que crees.

    v

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    1. cuando leí este comentario me emocioné. no supe que responder y tampoco lo tengo muy claro ahora jajajj
      en mi cabeza no cabe que alguien entre al blog x voluntad propia jajajajaja u.u

      me hizo sentir bien. que lindas palabras. gracias por regalarme un cachito de tu tiempo. lo agradezco desde lo + profundo de mi corazón. ♡♡♡♡

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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