te levantas porque ella no tiene la culpa de que la vida te pese tanto. le das sus granitos y le sirves agua. acomodas su manta y piensas en qué cocinar. te das cuenta de que se acabó el gas, pero tu espalda duele tanto que sabes que no serás capaz de cambiar el balón. vuelves a la cama y te acurrucas de frío. te tomas dos pastillas y duermes hasta las tres de la tarde. soñaste con países que nunca has visitado y que probablemente nunca visitarás. quieres ir al baño, pero no hay fuerza suficiente. te das vuelta mirando a la pared y cierras los ojos para seguir durmiendo. despiertas una hora después pensando en él y le escribes. te tocas el pecho y sientes el corazoncito de plata que guarda al amor de tu vida. lo acercas con cuidado a tus labios y le das un besito pidiéndole fuerzas.
querida mía, hay un martilleo constante dentro de mí. el clac clac retumba en
mi cabeza y me desconcentra al caminar. piensa en la lluvia que cae sobre las
láminas galvanizadas de tu casa. el goteo que comienza tímido y de pronto toma
confianza para entregarse entero. plap, clac, clac, plap. queridita, las venas
que se ven a través de mis muñecas escriben en cursiva. no entiendo cómo
funciona el sistema fluvial en ellas. sé que conversan entre sí. hace cuatro
noches las escuché cuchichear y decidieron contarme un secreto. ay de mi vida!
ay de mi corazón! si pudiera replicar el mensaje...
queridísima, hoy caí de nuevo. no soporto verlas. el hedor que dejan después de
secas es repulsivo. de noche prendí un fuego que terminó quemando el techo.
todo para espantar al fantasma que dejó. ya no aguanto. es el sonido metálico el
que me vuelve loca. otra vez, el clac clac clac clac.