¿has estado en la capilla de un
crematorio? suelen ser humildes de espacio. a veces hay sillas. otras veces hay
bancas. todas muy juntitas. una detrás de otra. he estado llorando a mis
muertos a treinta centímetros de completos desconocidos que también los
lloran. sollozan con fuerza. te harás miles de preguntas: ¿quién es esta
persona? ¿por qué le aflige la muerte de quien era un pedacito de MI vida?
¿quién eres? ¿quiénes son? es importante que mantengas la calma, aunque quieras
gritarles en la cara que abandonen el lugar.
las paredes pueden ser de
hormigón liso pintado de blanco ahuesado o crema. también las hay con
revestimiento de madera. frente a los necro-espectadores está el ambón. y
frente al ambón estará el cajón.
algunos de estos sagrarios poseen
catafalcos que, al finalizar la ceremonia, descienden hidráulicamente
llevándose el ataúd y a quien amabas a su último destino.
el lugar es frio. todo lo que
toques estará helado. los muros, el suelo, la madera con barniz de las
banquetas, las manos de tu madre.
suele haber una brisa que entra
por las puertas de la entrada principal. asustarse es normal. los cinco
sentidos se activan como nunca. para mí, lo más terrible es el olfato. el
vientecito arrulla al muerto. y, atención: si han pasado varios días desde
el deceso, es muy probable que el olor de la descomposición baile por debajo de
tu nariz. no hay que espantarse. es mejor llorar, enojarse, caer, patalear,
reír o llorar de nuevo.
el sacerdote, diácono o quien
esté a cargo de la misa te preguntará si tu difunto tenía una canción
especial. hay que dejar los nervios de lado un rato y pensar. pensar. pensar.
pensar. pensar. ‘sí’, dirás finalmente. hay una canción. dejas que el nombre de
la melodía escape de tus labios.
una parte de tu cerebro se
mantendrá alerta durante todo el sermón esperando la balada que escogiste para
el finado. cuando llegue el momento y oigas la primera nota salir del parlante
que se camufla por ahí, es bastante posible que tus ojos se humedezcan y que
tus rodillas tiemblen como jalea. ojo aquí: asumirás que nunca podrás escuchar
nuevamente la canción. y puede ser. o no. el tiempo te dará la respuesta. la
paciencia será tu mejor amiga desde ahora. déjala entrar.
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