miércoles, 15 de abril de 2026

manual para llegar al duelo

¿has estado en la capilla de un crematorio? suelen ser humildes de espacio. a veces hay sillas. otras veces hay bancas. todas muy juntitas. una detrás de otra. he estado llorando a mis muertos a treinta centímetros de completos desconocidos que también los lloran. sollozan con fuerza. te harás miles de preguntas: ¿quién es esta persona? ¿por qué le aflige la muerte de quien era un pedacito de MI vida? ¿quién eres? ¿quiénes son? es importante que mantengas la calma, aunque quieras gritarles en la cara que abandonen el lugar.

las paredes pueden ser de hormigón liso pintado de blanco ahuesado o crema. también las hay con revestimiento de madera. frente a los necro-espectadores está el ambón. y frente al ambón estará el cajón.

algunos de estos sagrarios poseen catafalcos que, al finalizar la ceremonia, descienden hidráulicamente llevándose el ataúd y a quien amabas a su último destino.

el lugar es frio. todo lo que toques estará helado. los muros, el suelo, la madera con barniz de las banquetas, las manos de tu madre.

suele haber una brisa que entra por las puertas de la entrada principal. asustarse es normal. los cinco sentidos se activan como nunca. para mí, lo más terrible es el olfato. el vientecito arrulla al muerto. y, atención: si han pasado varios días desde el deceso, es muy probable que el olor de la descomposición baile por debajo de tu nariz. no hay que espantarse. es mejor llorar, enojarse, caer, patalear, reír o llorar de nuevo.

el sacerdote, diácono o quien esté a cargo de la misa te preguntará si tu difunto tenía una canción especial. hay que dejar los nervios de lado un rato y pensar. pensar. pensar. pensar. pensar. ‘sí’, dirás finalmente. hay una canción. dejas que el nombre de la melodía escape de tus labios.

una parte de tu cerebro se mantendrá alerta durante todo el sermón esperando la balada que escogiste para el finado. cuando llegue el momento y oigas la primera nota salir del parlante que se camufla por ahí, es bastante posible que tus ojos se humedezcan y que tus rodillas tiemblen como jalea. ojo aquí: asumirás que nunca podrás escuchar nuevamente la canción. y puede ser. o no. el tiempo te dará la respuesta. la paciencia será tu mejor amiga desde ahora. déjala entrar.


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